La respiración de Kogan era agitada; estaba cansado, pero nada que un licántropo alfa no pudiera soportar. Él y su lobo seguían peleando por el control. Ambos habían saciado su apetito sexual, llegando al clímax por tercera vez esa noche. Era la primera vez en sus 9 siglos y medio de vida que se sentía realmente satisfecho.
Kogan había sido un desgraciado con las lobas con las que estuvo anteriormente: las trataba como objetos, llegaba al clímax, no obstante nunca se sentía satisfecho y luego la