Habían pasado ya cuatro días desde la pelea. Cuatro largos días en los que la manada intentaba recomponerse, tratando de sanar las heridas materiales que nos habían dejado los enfrentamientos y, sobre todo, las consecuencias de mi intervención. Sí, mi intervención. Aunque no me gustara aceptarlo, no podía negar que había tenido un papel fundamental en toda la destrucción que se había desatado. Y si bien la manada había logrado sobrevivir sin perder más miembros, las cicatrices emocionales de ca