—Alterar una línea de tiempo y evitar tu existencia no solucionará nada —dijo, casi gruñendo—. Quedarte encerrada en una cabaña el resto de la eternidad tampoco arreglará nada.
—Para mí, arreglaría todo —dije tirando la toalla de mi cabeza a la cama, con una firmeza que me sorprendió. Miré sus ojos, sin apartar la vista.
Él cerró los ojos por un momento, como si procesara mis palabras. Pero cuando los abrió, había un atisbo de desesperación en ellos.
—Tu sufrimiento en todos estos años no se