Oshin Itreque
Desperté lentamente, sintiendo cómo la consciencia volvía a mí en fragmentos rotos. Al principio, todo era un murmullo lejano, un eco de sensaciones que no tenían forma ni significado. El aire se sentía pesado, cargado de humedad y moho. Un olor rancio, penetrante, se filtró en mis fosas nasales, invadiendo mis pulmones como un veneno invisible.
No me moví de inmediato. Había algo en mi cuerpo, en mi piel, que no se sentía bien.
Dolor.
Mis músculos dolían con un ardor profundo,