—Fumiko, ¿estás aquí?— me llamó alguien, y al instante, mi cuerpo se tensó. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, golpeando contra mi pecho como si quisiera salir. Cerré el libro de golpe, dejando que el silencio llenara la habitación. Me arrodillé rápidamente junto al estante de libros, tomando uno al azar. Intenté leerlo con nerviosismo, pero todo mi cuerpo estaba demasiado tenso como para concentrarme.
—Aquí—, respondí finalmente, mi voz sonando algo más baja de lo que pretendía. Mi respira