Terminé de bañarme y salí de la ducha, envolviendo mi cuerpo con una toalla y mi cabello con otra. La sensación de la humedad sobre mi piel me resultó reconfortante, aunque mi mente seguía dando vueltas a lo que había sucedido. Al salir del baño, la habitación estaba vacía. Todo parecía tranquilo, como si el caos de los últimos días fuera solo una ilusión pasajera.
Me dirigí al clóset y saqué algo de la ropa que había traído. Me puse una camisa de mangas largas verde militar que, al principio,