Mi corazón latía acelerado, el eco de mis pasos resonaba en mis oídos mientras corría junto a Oshin, quien no me soltaba ni por un segundo. Podía sentir la tensión en el aire, esa electricidad que siempre existía cuando el conflicto estallaba. Y lo sabía, esto no terminaría bien.
De repente, una voz conocida pero cargada de rabia me sacó de mis pensamientos. Mi padre y mi hermano corrían hacia nosotros, sus pasos apresurados y pesados, llenos de furia. El gruñido de Oshin me hizo voltear justo