El lobo salió volando de mi cuerpo, y un sollozo se escapó involuntariamente de mis labios mientras me aferraba a mi brazo herido. La presión en mi pecho era insoportable. Sentí cómo la desesperación me invadía y, sin embargo, la necesidad de ver a Oshin se apoderó de mí, impulsándome a mirarlo, a buscarlo. Mis ojos se dirigieron al lugar donde el lobo café había chocado contra un árbol, sus gruñidos resonaban en mis oídos, pero algo más ocupaba mi mente.
Fue entonces cuando vi a Oshin. Estaba