Capítulo 26. Tiempo para buscar
Mikhail, recién bañado, se durmió abrazado a su esposa, sin más somnífero que el aroma embriagador de esa mujer que había trastocado su mundo.
Uno monótono, gris y rojo.
Ese mismo día, mientras descansaban juntos, la policía internacional recibía pruebas de las actividades ilegales de Miguel Murano, que no tuvo mucho tiempo para llorar a su hijo, forzado a mantenerse oculto y prófugo.
No necesitaba ser adivino para saber quién lo había traicionado, y pronto se vengaría, donde más le dolía.
Aunq