Supremo furioso por el toque del brujo.
Ana bajó la mirada, confundida. —Bueno… no… pero es que —balbuceó, sin saber explicar el extraño revuelo en su interior.
Scarlet, que hasta entonces parecía más testigo que actor, dio un paso adelante y habló con una valentía que la sorprendió a ella misma: —Esposo, no deberías poner a mi suegra en aprietos. Y tú, señor brujo, mejor enfócate en la reunión y deja de provocar a mi alfa.
El brujo, más entretenido que herido, sonrió como si acabaran de comenzar un juego muy interesante.
Derek, por