Capítulo 49 —La orden
Narrador:
La noche había caído sin pedir permiso, espesa, cargada, como si la ciudad misma contuviera la respiración.
Lucía estaba sentada en la sala del estudio jurídico de Santiago Mena, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre las rodillas. No temblaba. No lloraba. No preguntaba. Eso era lo que más inquietaba a todos los que la rodeaban.
Rodrigo, a su lado, no dejaba de mirarla de reojo. La conocía lo suficiente para saber que esa calma no era serenidad: era conce