—Estás bien y lista para irte, tía —sonrió Janette a tía Maryanne, quien no pudo evitar alegrarse, aunque enseguida miró a Lucas, que estaba sentado en el sofá. Él había venido a recogerla.
Tía Maryanne suspiró. —¡Ay, Dios mío! ¡Ay! —Se llevó una mano a la cabeza.
Janette alzó una ceja. —Tía, ¿qué pasa?
—¿Qué ocurre, tía? —preguntó Lucas.
Tía Maryanne gimió y se dejó caer en la cama. —Me duele mucho la cabeza y tengo las piernas temblorosas. No creo que sea buena idea darme el alta hoy. ¡Ay!
Luc