Lucas caminaba de un lado a otro en su oficina, masajeándose la barbilla mientras pensaba en las palabras de Janette. “Todos merecen una segunda oportunidad”, murmuró, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Sabía exactamente qué hacer.
Alan entró en su oficina en ese momento, irradiando felicidad. “Buen día, señor”, dijo, y Lucas se volvió, arqueando las cejas con sospecha.
“¿Desde cuándo me saludas así, Alan?” preguntó, con tono desconfiado.
Alan jadeó. “¿Me estás llamando irrespetuoso ahora? P