Luciana apoyó la cabeza en el hombro de Alejandro, sintiendo la seguridad de su amor y la calidez de sus amigos a su alrededor.
—Tienes razón, amor —dijo ella—. Estamos donde siempre quisimos estar: rodeados de familia y amor.
Y así, con las risas y la compañía de sus seres queridos, Luciana y Alejandro supieron que no había mayor felicidad que la de ver crecer la familia que habían formado, y que el amor que compartían seguía siendo la fuerza que los unía, haciéndolos más fuertes con cada día