El ambiente en la oficina estaba cargado de tensión. Luciana había intentado calmarse, pero la aparición de Tomás lo complicó todo. Al entrar en la sala con una copa de champaña en la mano, Tomás parecía despreocupado, como si nada estuviera fuera de lugar. Se acercó con una actitud relajada, pero sus palabras fueron lo que realmente encendió la chispa.
—Buenos días, Luciana, Alejandro —dijo con una sonrisa forzada, antes de tomar un sorbo de su bebida—. Quería hablar sobre un pequeño adelanto