Mientras Tomás se alejaba, Alejandro se quedó mirando su espalda, con la sensación de que aún había algo más que no estaba dispuesto a dejar pasar. La conversación con Tomás había sido tensa, pero sabía que no podía dejar que las cosas se quedaran así, especialmente cuando se trataba de su familia y de los límites que debía imponer.
Decidió volver a la oficina, donde Luciana seguía esperando. Al entrar, la encontró recargada en su silla, sus manos entrelazadas sobre la mesa mientras observaban