En ese momento, su teléfono vibró en el bolsillo. Sacó el dispositivo y vio el nombre de Héctor en la pantalla. Alejandro suspiró, indeciso. Era una llamada que debía atender, pero no estaba listo para enfrentar también los problemas con Héctor. Con un gesto resignado, aceptó la llamada.
—Alejandro —la voz de Héctor era grave, más de lo habitual—. ¿Cómo te fue con Luciana? ¿Le explicaste todo?
Alejandro guardó silencio unos segundos, apoyando la cabeza contra la pared. No podía fingir que todo