—También te amo —le dijo, y esta vez, la sonrisa en su rostro fue auténtica, sin las sombras que la habían acompañado hasta ahora.
Sabía que aún había desafíos por delante, pero en ese momento, lo único que importaba era que estaban juntos.
Dos días después.
Era una mañana tranquila en la mansión, el sol apenas filtrándose por las grandes ventanas del salón cuando Luciana y Alejandro disfrutaban de un raro momento de paz. De repente, el sonido del teléfono interrumpió la calma, rompiendo el a