54. Haré mi parte.
Subo las escaleras hasta mi apartamento, sabiendo que la maquinaria que he puesto en marcha ya está funcionando. Rodrigo cree que tiene tiempo, que puede manejar la situación a su favor, pero no ha visto el reloj corriendo en su contra.
Al entrar, me quito la chaqueta y me sirvo otra copa de vino. Me siento en el sillón, observando las luces de la ciudad desde mi ventana. Desde aquí, todo parece tan distante, tan insignificante. Los pequeños movimientos de poder, los acuerdos secretos, las trai