135. El silencio se apodera del lugar.
Subo al taxi.
—Solo conduce, —le digo al chofer, que me mira por el retrovisor con una mezcla de curiosidad y cansancio—. Donde sea.
Los pensamientos me abruman.
Al alejarme del apartamento, la adrenalina que había estado sosteniéndome comienza a desaparecer, y la realidad de lo que acaba de pasar me golpea de lleno. Vicente está vivo, por ahora, pero ¿por cuánto tiempo? Luca no va a detenerse. Eso está claro. Su ambición es demasiado grande para dejar que alguien como Vicente siga respirando.