130. Veremos.
No soy una mujer que se deje llevar por los sentimientos, pero algo en Luca me hace bajar la guardia, y eso es algo que no puedo permitirme. El poder exige sacrificios, y he hecho demasiados como para arriesgarme ahora.
Debería dejarlo ir, cortar esto antes de que se complique más. Pero mientras lo pienso, siento una mano suave envolviendo mi muñeca. Me giro, y ahí está él, despierto y sonriendo, con esa expresión que me hace dudar de todo.
—¿Te vas sin despedirte? —pregunta, con un tono ligero