La convivencia llegó sin anuncio previo, como suelen llegar las decisiones que ya han sido pensadas durante mucho tiempo en silencio. No fue una mudanza formal ni un acuerdo explícito. Fue, más bien, una acumulación de noches compartidas, de mañanas en las que ninguno tenía prisa por irse, de objetos que empezaron a repetirse en ambos espacios hasta que resultó absurdo seguir fingiendo que vivían separados.
Camila fue la primera en decirlo en voz alta.
—Creo que ya vivimos juntos —comentó una m