El reencuentro no trajo fuegos artificiales ni certezas inmediatas. Trajo algo más sutil: una sensación de continuidad posible. Camila volvió a su apartamento con una valija liviana y un cuaderno lleno de bocetos que aún no sabía cómo ordenar. Gavin la acompañó hasta la puerta, no como quien retoma un lugar perdido, sino como quien vuelve a entrar con cuidado en una casa que ya no es exactamente la misma.
Los primeros días fueron extraños. No incómodos, pero sí desacompasados. Había gestos que