La casa comenzó a sentirse distinta cuando el invierno se retiró del todo. No fue un cambio brusco, sino una suma de pequeños gestos: ventanas abiertas más tiempo, plantas nuevas en el balcón, el hábito de desayunar sin prisa los domingos. Camila notó que ya no pensaba en el futuro como una amenaza que exigía planes cerrados, sino como un territorio amplio donde podían moverse sin perderse de vista.
Gavin, por su parte, se sorprendía a sí mismo disfrutando de la rutina. No de la repetición mecá