Las semanas siguieron deslizándose unas sobre otras, no como capítulos cerrados, sino como capas que aún no terminaban de asentarse. Había días en los que despertaba con una sensación de liviandad inesperada, casi sospechosa, y otros en los que el peso regresaba sin previo aviso, apretándome el pecho como un recuerdo que no pide permiso. Aprendí a no interpretar esos cambios como retrocesos. Eran, simplemente, parte del proceso de habitar una vida que ya no se sostenía sobre la negación.
El jui