Gavin no volvió a escribir aquella noche. No porque no quisiera, sino porque ambos sabíamos que, a veces, el silencio también es una forma de cuidado. Yo apagué la pantalla, pero no apagué mis pensamientos. Me quedé largo rato mirando el techo, con el corazón dividido entre gratitud, preocupación y una extraña paz que no había sentido hacía años.
Los días siguientes transcurrieron con una calma engañosa, como esa tranquilidad que antecede a una tormenta que uno todavía no puede ver pero sabe qu