Eliana
Los minutos se convirtieron en horas. Cada latido de mi corazón se volvía un recordatorio estruendoso del peligro—de la perdición—que nos aguardaba. Cada segundo sin una palabra o noticias de Susie se sentía como un maldito siglo.
—Esto es hermoso.
Alguien exclamó a mis espaldas.
—¿De quién es esta pintura?
Para provocar una exclamación así, tenía que ser una obra de arte espléndida. Sonreí, obligándome a dar la vuelta, pero estaba demasiado tensa por la preocupación como para hacer c