Eliana
Mi corazón golpeaba con fuerza en mi pecho. La habitación parecía haberse quedado sin oxígeno. El man arrastró una silla y se sentó en ella, sin quitar sus ojos de mi rostro. Era como si estuviera buscando algo.
¿Qué podría encontrar posiblemente en mi rostro? Dios, ¿así era como iba a morir? Él no había hecho ningún movimiento todavía—no tenía que hacerlo. Sería una muerte fácil. No había forma de que fuera a pelear contra él, mucho menos ganar.
—Aprecio el silencio, pero espero una res