Eliana
La idea de que Scott estuviera enojado conmigo me pinchaba la conciencia. Sin embargo, no iba a retroceder en mi misión de asegurar que él estuviera bien, saludable.
—Lo siento, mi amor. Tal vez no tengas que quedarte en la cama todo el día.
Giró lentamente la cabeza para mirarme. Sus ojos estaban apagados, pero había una sonrisa en sus labios. Mi corazón dio un vuelco. Dios, era tan guapo.
—Te amo —susurré suavemente. Su sonrisa se ensanchó.
—Yo también te amo, jefa.
Tal vez no estaba e