—¡Imposible!
Diego empujó a Luciana sin importarle que cayera al suelo, tratando frenéticamente de ponerse de pie: —Necesito verla, necesito ver a Sofi...
Pero por más que lo intentaba, solo conseguía caerse una y otra vez, mientras la sangre brotaba de las heridas en sus rodillas, tiñendo el suelo de rojo.
Luciana lo ayudó a volver a la cama, con lágrimas en los ojos y voz entrecortada: —Diego, no te hagas esto. Verte sufrir así me parte el corazón.
—Al menos, al menos Sofía sigue viva. Si enco