Sofía fue trasladada a la cama contigua a la de Diego, donde él podía verla con solo girar la cabeza.
Cada día se sentaba junto a su cama, trazando una y otra vez sus cejas y ojos con la punta de los dedos.
—Sofi, ya me he encargado de quienes te lastimaron.
—¿Podrías abrir los ojos y mirarme, por favor?
Sofía no mostraba ninguna respuesta en su cama de hospital.
Mientras tanto, los hermanos Mendoza, expulsados vergonzosamente de los círculos sociales de alta sociedad, atravesaban momentos difíc