Estaciono el auto cerca del parque que Giselle visita todos los días y bajando de él, me acerco lentamente hasta llegar a unos enormes árboles, justo cuando estoy por salir de detrás de ellos, las delicadas notas de magnolia, peonia y madera de ámbar que no he podido olvidar en estos meses llega a mi nariz.
Cierro los ojos disfrutando de ese aroma que pertenece a Giselle y cuando los vuelvo a abrir, observo como su delicada figura reposa sobre una banca. Con movimientos lentos acaricia su pequeñ