Dando pequeños pasos, nos desnudamos por completo hasta llegar al filo de la cama, donde me recuesta con delicadeza casi como si me tratase de algo muy valioso y cruzando mis brazos sobre mi pecho al sentirme avergonzada de estar desnuda frente a él, lo veo darse la vuelta por algunos segundos, para después regresar junto a mí y mirarme con tal lujuria que mi respiración se acelera anticipándose a lo que está por suceder.
—¡Eres realmente hermosa! —murmura, tomando uno de mis pies y besando mi