En Brooklyn, la noche era suave.
Olivia terminaba el cuento. La voz baja, un hilo de seda en la penumbra de la habitación de Emma.
"—… y la pequeña semilla, después de una larga espera, finalmente abrió sus hojas al sol. Porque a veces, las cosas más bellas tardan más en crecer."
Emma, ya medio dormida, susurró contra su pecho.
—¿Como yo, mamá?
Olivia sintió que el corazón se le encogía de amor.
—Exactamente como tú, mi vida. La cosa más bella.
Apagó la lámpara de mesita. Quedó la tenue luz del