El tiempo, que una vez se había arrastrado para Olivia, ahora fluía. Era un río constante, lleno de pequeños rápidos y remansos de paz.
Emma tenía dos años. Una personita completa, con opiniones firmes sobre los calcetines (los de dinosaurios eran los mejores) y la música (le gustaba el jazz, sorprendentemente). Su vocabulario era una cascada encantadora de preguntas. "¿Por qué?" era su favorita. Olivia respondía con paciencia infinita. Cada "por qué" era una ventana a la mente curiosa de su hi