El apartamento olía a pintura fresca y a lejía diluida. Era un espacio pequeño, de dos habitaciones, en un edificio antiguo pero bien cuidado de Brooklyn. Las ventanas daban a un patio interior tranquilo, no a una avenida bulliciosa. Olivia lo había elegido por la luz de la mañana y el silencio. Y por el precio.
Mudarse con una recién nacida fue una operación militar. Clara la ayudó, cargando cajas mientras Olivia llevaba a Emma en un portabebés, pegada a su pecho. La niña dormía profundamente,