El silencio que siguió a las palabras de Olivia fue de una cualidad diferente a todos los anteriores. No era tenso, ni cargado, ni esperanzador. Era un silencio final. El sonido de una puerta cerrándose en una habitación que ya estaba vacía.
Alexander no se movió de su puesto frente a la ventana. La ciudad de Nueva York se extendía ante él, un tapiz indiferente de luces y sombras, de vidas que continuaban sin saber que en el piso noventa y dos de una torre, un universo particular se estaba apag