El silencio que siguió fue sofocante. Una niebla tóxica llenó el ático. No era ausencia de sonido. Era la presencia de todo lo no dicho. Mentiras colgaban en el aire como cuchillas. La tensión era densa y pesada. Olivia la sentía sobre sus hombros. Le costaba respirar. Un sabor amargo invadió su garganta. Sabía a traición y a juego sucio.
Isabella no se apresuró. Había plantado la semilla. Ahora observaba con paciencia. Era una jardinera venenosa. Sus dudas eran tierra fértil. Con calma provoca