Tessa
Cameron tomó a su hermano por la camisa y le dio un puñetazo en el rostro. Aun llevaba el traje que tenía puesto cuando lo vi salir por la mañana, aunque estaba completamente arruinado; los pantalones cubiertos de lodo, la camisa salpicada con sangre, se le pegaba al pecho, marcando los músculos tensos e hinchados que se expandían con cada jadeo entrecortado. Parecía un animal furioso, mantenía lo puños cerrados, y una aterradora expresión, que me decía que atacaría en cualquier instante.