Cameron
—¡Esta debe ser una jodida broma! —Bramó, Landon cuando lo abordé en el aparcamiento del nuevo edificio de Royal Dankwoth; un complejo monumental que albergaba a más de doscientos trabajadores que llevaban cuentas nacionales e internacionales de las empresas más prometedoras del ámbito bursátil.
Todo aquello, más la larga lista de oficinas en todo el país y Londres, se convertirían un día en parte del cuantioso patrimonio de Tessa, ya que los Dankworth, no tenían hijos propios. ¿Era e