Maxime
El silencio de la habitación me ahoga. El escritorio es demasiado grande, demasiado vacío. Mis dedos tamborilean nerviosamente sobre el escritorio, mis pensamientos giran, se chocan como olas. Léa. Solo ella. He intentado concentrarme en el trabajo, enfrentar mis responsabilidades, pero la imagen de su rostro, de sus ojos penetrantes, de sus labios que se mueven en silencio en mi memoria, me impide respirar correctamente. Ella me atormenta.
Nunca he estado tan incierto. Soy el líder de u