Él pareció no escuchar, siguió con sus caricias las cuales estremecieron cada parte de mi cuerpo. -Entonces, dejarás de ser tan terca como un perro-Me eché a reír, no le encontré gracia al chiste. Acaricia ahora mi mejilla dando un pequeño pellizco-No me gusta que me lleves la contraria para nada, si no lo haces te juro que no voy a lastimarte-Su suave voz se siente cálida.
-Mira, hijo de perr@, haré lo que me pides pero te juro por el alma de mi padre que si mi hijo se mete en peligro a causa