El calor del sol de la tarde iluminaba el hogar de Krislen y Brian, y la risa de su pequeño resonaba en cada rincón. Era un día especial; habían decidido llevar a su hijo al parque y disfrutar de un tiempo juntos al aire libre.
—Mami, ¡mira! —gritó el niño mientras señalaba un columpio. Sus ojos brillaban con emoción—. ¡Quiero jugar allí!
—¡Vamos! —dijo Krislen, entrelazando la mano de Brian mientras se dirigían a la zona de juegos.
Brian se inclinó hacia su hijo—. ¿Listo para volar alto? —le p