— ¡Voy a jugar al fútbol! —dijo, saltando de emoción.
Krislen y Brian intercambiaron miradas de sorpresa y alegría.
— ¡Eso suena genial, amor! —dijo Krislen—. ¿Te gusta el fútbol?
— ¡Sí! Quiero ser tan rápido como un rayo! —respondió Brian, sus ojos brillando con determinación.
Ambos padres decidieron anotarlo en el equipo local, apoyando cada uno de sus pasos. Desde entonces, los fines de semana se convirtieron en momentos de diversión en el campo. Observaban a su pequeño correr detrás del bal