Los días en París continuaron, y cada rincón de la ciudad parecía estar impregnado de romance. Se perdieron en los jardines de Luxemburgo, exploraron el Louvre y se deleitaron con croissants recién horneados en una pequeña panadería cerca de Notre-Dame.
Una tarde, mientras caminaban por el Pont des Arts, Krislen tomó la mano de Brian y lo miró a los ojos.
— (Krislen) “Brian, ¿alguna vez has pensado en cómo sería vivir aquí? En París, con sus calles empedradas y su historia en cada esquina”.
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