—¿Cómo llegaste aquí? —preguntó ella, moviendo torpemente las manos sobre el pecho, entre los libros. Levantó la cabeza para mirarlo. Tenía los labios fruncidos, las cejas arqueadas y los ojos muy abiertos. Estaban en medio de las estanterías, en la sección de botánica. Y no en la de medicina.
—¿Qué quieres decir? —preguntó él encogiéndose de hombros—. Vine a buscar algunos libros —dijo con seguridad, aunque en el fondo sabía que mentía.
Solo había venido para pasar un momento con ella. La vio