CAPÍTULO 77. UNA ELECCIÓN DOLOROSA
— ¡Isabella! —exclamó Guillermo lleno de terror, al notar la forma en la que la mano que había acercado para acariciar una de sus mejillas, perdía fuerza y caía sobre la camilla. Un gran nudo se asentó en la boca de su estómago, acompañado de un gran escalofrío. — ¡No me dejes, te lo suplicó, mi amor! —gritó, entonces, una de las enfermeras lo separó de su mujer.
—Tiene que salir —solicitó la mujer—, no podrá estar en el parto, lo lamento —expresó, colocando la manos sobre sus hombros, para hac