CAPÍTULO 7. NO PUEDO DEJAR QUE TE VAYAS
—Creo que sí —Isabella respondió con nerviosismo, sintiendo que su corazón latía desbocado, sus manos estaban aferradas a su pequeña, protegiéndola, entonces escucharon que comenzó a llorar.
—Será mejor que las llevemos al… —Guillermo estaba por sugerir ‘el hospital’, entonces recordó lo sucedido—, llama a nuestro médico de cabecera —solicitó a su chofer.
—Lo lamento tanto, señorita —expresó el hombre afligido.
Guillermo se acercó a ellas, con cuidado separó de sus brazos a la niña.
— ¿Te du