CAPÍTULO 8. SOLO ME TIENE A MÍ
La joven se flexionó para tomar asiento.
—Yo me haré cargó de mi hija —contestó intentando salir de la cama, a pesar del mareo que tenía.
Guillermo se acercó a ella y la sujetó por su pequeña cintura, para evitar que cayera. Isabella presionó sus ojos para intentar controlar aquel vértigo que no la dejaba tranquila.
—No estás bien —él refirió—, tienes que descansar.
—No, no entiende —habló de forma pausada, con dificultad—. María…, solo me tiene a mí —respondió luchando por no cerrar sus ojo