Isabella separó los labios en una gran O, al ver a aquel hombre que la había ayudado, estaba dispuesto a liquidar su deuda, algo que no se esperaba y menos de un extraño, ¿será posible que existan los ángeles?, alejó de inmediato esa idea absurda, en el mundo que ella conocía lo único que buscaban era sacar ventaja.
—No es necesario, le agradezco, pero le expliqué a la señorita que en un par de días pagaré —indicó avergonzada.
—Yo no he dicho que sí —respondió la mujer con evidente molestia.